Sportivo Literario

 
Talleres de lectura y escritura coordinados por Virginia Cosin.


CONTENIDO

· Seminario de escritura anual (Atletas I)

· Talleres de escritura (Atletas II)

· Talleres de verano

· Publicaciones

· Sobre el taller

· Bio

· Contacto


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Sportivo Literario

 
Talleres de lectura y escritura coordinados por Virginia Cosin.


CONTENIDO

· Seminario anual

· Talleres de escritura

· Talleres de verano

· Publicaciones

· Sobre el taller

· Bio

· Contacto


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Participantes

Marina Dopico:


“Conocí a Virginia en un taller de un día que daba en San Isidro. El público que asistía no era particularmente literato. Sin embargo, ella fue generosa en sus devoluciones sin ser condescendiente. Nos dio tarea en todos los casos, hizo observaciones agudas y atentas. Habló de libros que eran prácticamente biblias para mí. Cruzamos miradas cómplices y me fui encantada con sus lecturas, su sensibilidad y capacidad de análisis. Me pareció muy joven para ser eso que yo buscaba, pero me vi obligada a admitir que lo era: una maestra. Y no cualquier maestra, una maestra con carácter, "un personaje", una Flannery O’Connor: aguda, intensa, intransigente, con una ética de trabajo tenaz. Sólo le faltaba un jardín con pavos reales pero su departamento en Villa Crespo cobró ese mismo encanto para mí. Las tardes en su taller se volvieron las más codiciadas de cada mes. Volvía en el colectivo con un cuaderno lleno de anotaciones, correcciones y recomendaciones, ansiosa de llegar y volcarme otra vez a la página. Me cruzaba la ciudad para conseguir un libro raro que ella me recomendaba. Repetía orgullosa sus máximas, que me hacían sentir parte de una escuela particular e íntima. En el taller de Vir aprendí innumerables lecciones pero la más valiosa y necesaria fue a escribir sin pudor. Mi escritura no hubiera sobrevivido sin esa máxima, de hecho, no hubiera siquiera despegado. Pulir viene después y se desarrolla como un sexto sentido: cuando algo está de más, se siente igual de punzante que el guisante bajo doce colchones. Cuando algo falta, la maestra pide "más carne, más carne" y ya sé lo que tengo que hacer. Un taller debería crear su propio manual de instrucciones. Así fue en el taller de Vir: maestra y compañeras creamos un lenguaje común que nos acompaña todavía, que nos susurra en el oído, que nos anuncia, como los alguaciles anuncian la lluvia, cuando algo sobra, cuando algo falta.”

Florencia Gueler:


“Lista breve de cosas que me gustan del taller de Virginia Cosin:

  1. Su mirada quirúrgica. Podemos pararnos sobre una línea y hablar un rato largo, cambiarla, darla vuelta, llevarnos una recomendación de lectura, o varias, para seguir trabajándolo. 

  2. El feedback que recibís, tanto de Vir como de tus compañeros, marcando tanto los sí como los no, y los no sé, claro, ordenado, que te ayuda a repensar y seguir.

  3. El link que hace con otras cosas como por ejemplo el cine; transforma tu texto en una escena, te ayuda a entender lo que transmitis o no, desde otro ángulo. Puede incluso recomendarte que veas una película.

  4. Te vas de cada encuentro con más ganas de seguir escribiendo.”

Sol Montero:


“Empecé el taller Atletas porque quería escribir sobre un tema muy íntimo, uno que creía dominar perfectamente, sobre el que creía saber todo. Pero al mismo tiempo quería decirlo como si no fuera mío, como si fuera externo, objetivo, unívoco. Es decir que llegué al taller con dos o tres certezas a las que estaba muy aferrada. Pero en su taller Virginia habilita la incerteza y hace de ella un material literario, Atletas es un laboratorio del no-saber. Ahí aprendemos a leer y a escribir precisamente sobre lo que no sabemos, que es justamente lo más intimo, lo más secreto y personal. En el taller Atletas hacemos, del enigma, poesía.”

Ezequiel Mandelbaum:


“Encontrar a Virginia fue una coincidencia feliz y a la que siempre le estaré agradecido. Antes de hacer el primer taller con ella (uno de verano sobre escritura autobiográfica), yo venía realizando un tímido retorno a la literatura, después de muchos años de estar escribiendo poco y nada. Ese mes, escribí como nunca: mucho y con placer. Virginia me devolvió la confianza en mis textos y me ayudó a buscar, y tal vez incluso a encontrar, eso que llaman voz propia. Luego vinieron dos años de taller anual donde pude disfrutar en profundidad de sus devoluciones y de las asociaciones con sus infinitas lecturas. Ahí conocí a muchos autores y autoras de los que nunca había oído nombrar, y que me ampliaron muchísimo el campo visual. Virginia tiene además el talento de saber reunir gente muy talentosa. De ellos, mis compañeros de taller, aprendí tanto como de las Lorrie Moore del mundo.”