Sportivo Literario

 
Talleres de lectura y escritura coordinados por Virginia Cosin.


CONTENIDO

· Seminario de escritura anual (Atletas I)

· Talleres de escritura (Atletas II)

· Talleres de verano

· Publicaciones

· Sobre el taller

· Bio

· Contacto


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Sportivo Literario

 
Talleres de lectura y escritura coordinados por Virginia Cosin.


CONTENIDO

· Seminario anual

· Talleres de escritura

· Talleres de verano

· Publicaciones

· Sobre el taller

· Bio

· Contacto


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Sobre el taller

En los medios

Daniel Gigena:


"En su Alocución sobre la enseñanza, pronunciada para la clausura del Congreso de la Escuela Freudiana de Paris, Jacques Lacan dice que la enseñanza no significa que ella haya enseñado nada y que la idea de transmisión de saber le hace pensar en un columpio que va y viene, del que supuestamente sabe al que en apariencia no, escribe Virginia Cosin, autora de Partida de nacimiento y docente de talleres de escritura-. Lo primero que les digo a los participantes del taller que coordino es que yo no enseño. Ofrezco una guía, una oreja para escucharlos y que ellos mismos se escuchen. Para que aprendan a distinguir y ver eso que no saben que saben. Creo que de lo que se trata es de alivianar el peso de las voces prestigiadas y de las ideas preconcebidas acerca de lo literario con mayúsculas. Mi trabajo consiste en desenmarañar toda una red de supuestos y de ideales para que cada escritor o futuro escritor encuentre su singularidad, aquello en lo que es original, en el sentido de lo que está desde el origen, lo que le pertenece sólo a él. Eso que muchos llaman la propia voz. Por supuesto que en ese proceso yo también saco ideas en limpio, aprendo, pienso cosas que no había pensado hasta el momento. No prometo garantías ni certezas porque yo misma estoy siempre al borde, tanteando en la oscuridad, empezando de nuevo. A los grupos de escritura que coordino los llamo Atletas. Es una idea que le robo a Gilles Deleuze, que dice que el artista es un atleta, pero no muscular u orgánico, sino afectivo. Y que es fuerte en lo que tiene de débil. Me parece importante aprender a hacer del error, marca. De la falta, huella", concluye Cosin.

La nota completa de Daniel Gigena se puede leer acá.

Gonzalo Heredia:


“...En ese momento dejé de mostrar, seguí escribiendo en libretas –las tengo todas desde 2002, pero siempre como renegado... Hasta que en 2014 empecé a hacer taller con Virginia. Ella me enseñó a leer.

¿En qué sentido?

Me ordenó. Norteamericanos, europeos, argentinos. Lo primero que me leyó fue La mayor, de Saer. Yo no entendía una mierda. Pero me dijo: «Oí la música que tiene». Y después me leyó "En lo alto para siempre", un cuento de Foster Wallace. Me acuerdo de cómo él describía las várices de una señora. Y es lo que yo intento hacer en mi novela, la observación casi monstruosa del detalle. Virginia me leyó cosas que me volaron la cabeza, que me hablaban a mí.

Virginia es la escritora Virginia Cosin quien, una noche de pleno invierno porteño, se sentará en un pequeño escenario en el fondo de una librería de Palermo junto con Gonzalo. El lugar estalla, el público es ecléctico, están Luciano Castro y Marco Antonio Caponi, también hay otros famosos/escritores como Peto Menahem y más fotógrafos de lo que las austeras presentaciones de literatura independiente suelen convocar.”

La nota completa de Fernanda Nicolini a Gonzalo Heredia se puede leer acá.

Brian Majlin:


“Más allá del éxito y la constante falta de vacantes en sus talleres, Cosin dice a Infobae que no sabe si se trata de un boom ni entiende "porque alguien querría dedicarse a una actividad tan ingrata como la del escritor" en la que no se gana dinero y pocos alcanzan la celebridad.

La escritura, la literatura, esa búsqueda constante del yo, hacia adentro, es un camino de piedras. Pero sigue siendo, pese a todo, un camino cubierto con un aura especial. Los talleres están, gozan de buena salud y se nutren de aquellos que quieren hurgar en sí mismos y en el lenguaje, pero solo quedan aquellos que, al decir de Cosin, "descubren, aun con todas esas dificultades, el placer y el goce de la tarea".

La nota completa de Brian Majlin para Infobae se puede leer acá.

Luciano Sáliche:


“ ¿Pueden parir grandes escritores los talleres literarios?

Trabajo de parto

“Pienso en la palabra parir y en el ser indefenso y sanguinolento que sale expulsado del útero de una madre y creo que la respuesta es no, en el sentido de que ese útero que alberga en silencio y completo aislamiento al que luego se convertirá en un escritor -por otro lado ¿qué es un ‘gran escritor’?- tiene que ser otra cosa, previa al taller de escritura: una predisposición al peligro y a la soledad, cierto arrojo hacia la pregunta, lo abierto, el no saber, el juego”. La que habla es Virginia Cosin. Además de escribir libros —su última novela se titula Pasaje al acto, publicada por Entropía—, da talleres.


“El taller es un espacio para adquirir algunas herramientas o aprender a buscar las propias, alguna disciplina, una práctica de escucha -yo hablo de ‘retorno’, un circuito como el de los micrófonos y los parlantes- que te ayude a escucharte a vos. Es decir: un escritor se pare a sí mismo. Pero un buen tallerista puede ayudar, como un obstetra o, mejor, una partera”, completa en un ida y vuelta vía mail con Infobae Cultura. He aquí la primera definición: el tallerista como partero. “

La nota completa de Luciano Sáliche para Infobae se puede leer acá

Participantes

Marina Dopico:


“Conocí a Virginia en un taller de un día que daba en San Isidro. El público que asistía no era particularmente literato. Sin embargo, ella fue generosa en sus devoluciones sin ser condescendiente. Nos dio tarea en todos los casos, hizo observaciones agudas y atentas. Habló de libros que eran prácticamente biblias para mí. Cruzamos miradas cómplices y me fui encantada con sus lecturas, su sensibilidad y capacidad de análisis. Me pareció muy joven para ser eso que yo buscaba, pero me vi obligada a admitir que lo era: una maestra. Y no cualquier maestra, una maestra con carácter, "un personaje", una Flannery O’Connor: aguda, intensa, intransigente, con una ética de trabajo tenaz. Sólo le faltaba un jardín con pavos reales pero su departamento en Villa Crespo cobró ese mismo encanto para mí. Las tardes en su taller se volvieron las más codiciadas de cada mes. Volvía en el colectivo con un cuaderno lleno de anotaciones, correcciones y recomendaciones, ansiosa de llegar y volcarme otra vez a la página. Me cruzaba la ciudad para conseguir un libro raro que ella me recomendaba. Repetía orgullosa sus máximas, que me hacían sentir parte de una escuela particular e íntima. En el taller de Vir aprendí innumerables lecciones pero la más valiosa y necesaria fue a escribir sin pudor. Mi escritura no hubiera sobrevivido sin esa máxima, de hecho, no hubiera siquiera despegado. Pulir viene después y se desarrolla como un sexto sentido: cuando algo está de más, se siente igual de punzante que el guisante bajo doce colchones. Cuando algo falta, la maestra pide "más carne, más carne" y ya sé lo que tengo que hacer. Un taller debería crear su propio manual de instrucciones. Así fue en el taller de Vir: maestra y compañeras creamos un lenguaje común que nos acompaña todavía, que nos susurra en el oído, que nos anuncia, como los alguaciles anuncian la lluvia, cuando algo sobra, cuando algo falta.”

Florencia Gueler:


“Lista breve de cosas que me gustan del taller de Virginia Cosin:

  1. Su mirada quirúrgica. Podemos pararnos sobre una línea y hablar un rato largo, cambiarla, darla vuelta, llevarnos una recomendación de lectura, o varias, para seguir trabajándolo. 

  2. El feedback que recibís, tanto de Vir como de tus compañeros, marcando tanto los sí como los no, y los no sé, claro, ordenado, que te ayuda a repensar y seguir.

  3. El link que hace con otras cosas como por ejemplo el cine; transforma tu texto en una escena, te ayuda a entender lo que transmitis o no, desde otro ángulo. Puede incluso recomendarte que veas una película.

  4. Te vas de cada encuentro con más ganas de seguir escribiendo.”

Sol Montero:


“Empecé el taller Atletas porque quería escribir sobre un tema muy íntimo, uno que creía dominar perfectamente, sobre el que creía saber todo. Pero al mismo tiempo quería decirlo como si no fuera mío, como si fuera externo, objetivo, unívoco. Es decir que llegué al taller con dos o tres certezas a las que estaba muy aferrada. Pero en su taller Virginia habilita la incerteza y hace de ella un material literario, Atletas es un laboratorio del no-saber. Ahí aprendemos a leer y a escribir precisamente sobre lo que no sabemos, que es justamente lo más intimo, lo más secreto y personal. En el taller Atletas hacemos, del enigma, poesía.”

Ezequiel Mandelbaum:


“Encontrar a Virginia fue una coincidencia feliz y a la que siempre le estaré agradecido. Antes de hacer el primer taller con ella (uno de verano sobre escritura autobiográfica), yo venía realizando un tímido retorno a la literatura, después de muchos años de estar escribiendo poco y nada. Ese mes, escribí como nunca: mucho y con placer. Virginia me devolvió la confianza en mis textos y me ayudó a buscar, y tal vez incluso a encontrar, eso que llaman voz propia. Luego vinieron dos años de taller anual donde pude disfrutar en profundidad de sus devoluciones y de las asociaciones con sus infinitas lecturas. Ahí conocí a muchos autores y autoras de los que nunca había oído nombrar, y que me ampliaron muchísimo el campo visual. Virginia tiene además el talento de saber reunir gente muy talentosa. De ellos, mis compañeros de taller, aprendí tanto como de las Lorrie Moore del mundo.”